lunes, 31 de enero de 2011

Poesía Mayor

   Contemplar (como él a través de su ventana) el último libro de Javier Pérez-Ayala (“Poeta menor” AEP, 2011) parecería sencillo. Recordar sus anteriores obras no es suficiente ya que hay una evidente inflexión en su expresividad, no tanto tal vez en lo que quiere contarnos sino en cómo desea hacerlo. Es como si los rayos de su tormenta se refractaran ahora en una bóveda personal más consciente, más prematura o presurosamente madura, más llena de otras palabras, otras voces, otras vidas.

   Admirar su capacidad para fotografiar verso a verso la sorda cadencia de la ciudad que lo envuelve, es inevitable. Y por entre las páginas del libro danzan constantemente la soledad, el hogar, el tiempo (Frontera irrevocable de la juventud, Oscuro jardín…), los temores, esos pies de barro que a veces sienten los gigantes, la añoranza y los recuerdos de niñez y, claro, el amor (Nada grave, Atardece, Septiembre, Todos los días…), esa espina inerte y viva, tan honda, tan imposible de sacar porque la piel ya la hizo suya.

   Hay una luna nueva iluminando los espacios que, sin querer, se han ido mostrando entre el poeta y su obra, tal vez por eso este libro ha nacido blanco. Hay quizás una renovada ilusión o, al menos, una esperanza escondida entre las páginas. Hay una mayor presencia de la personalidad del poeta, de su propio hacer, de una forma de decir más suya, más independizado de lo supuestamente correcto, más libre en definitiva. Algo que también asoma en el fondo, no solo en la forma, porque la libertad cuando nos toca nos va impregnando poco a poco a todo el ser hasta conseguir que nos acabemos mostrando por completo.

   Más poeta, más sincero, más abriendo una ventana que nos muestra un interior lleno, temeroso de mostrarse todavía. Un potencial abrumadoramente esquivo pero veladamente presente. Una madurez solo prematura en apariencia, falta tanto por llegar y tan bello…Te esperamos.

Jrc