jueves, 16 de julio de 2015






Dame un pretexto, un piano,
unas hojas de papel, algo que arañe
o mueva la piel, una mano
que desempañe el miedo.
Quiero hablar contigo,
(como se puede amar tanto),
vives en la música del silencio,
en el aroma del vacío,
en todos los versos que aun no he escrito,
pero déjame que te hable de mis cosas,
del nihilismo que me estrecha
mientras muere el cisne,
o esa fuerza que agoniza en mis brazos
de espuma.
Si quieres te propongo un beso inesperado, un aplauso,
una adoración en voz alta
a cada frase que tu piel regala junto a la mía,
o mejor un escondite, un juego de palabras
urbanas,
realistas casi, que puedas tocar
como tocas la ansiedad,
como sueñas la hierba nevada,
porque aquí eres realmente mía y yo tuyo,
tan sencillo como nunca,
en esa ausencia de vida donde mis latidos son costumbre,
y me da frío desnudarme casi ahora,
beber la tinta, sacarla por los poros,
licuar los vientos que me llegan
o dejarme llevar por la música que nace.
Lo tocas
como una realidad artística,
una foto que hiciste,
no más que palabras sin carne,
formas que absorben la idea hasta matarla
despacio,
pero son más,
son instantes que no vivimos todavía,
futuros que no cotizan,
deseos amordazados en el suelo.
Te seguiré contando sin pretextos,
cómo sale la luna,
cómo sin querer el viento de hoy
rompe la lámina,
la tiñe negra, amarga luz
desenfocada.
Pero estoy.





jrc